Este
es el artículo de mi autoría publicado en el periódico IDEAL SIERRA MÁGINA en
el mes de febrero de 2026. Lo cuelgo abajo, con letra grande,
para que podáis leerlo.
LA MATANZA DEL CERDO EN
SIERRA MÁGINA PALABRAS 531
La
matanza del cerdo en Sierra Mágina, como en otras comarcas de Jaén, de
Andalucía o de otros lugares de España, era una tradición ancestral y un evento social que
marcaba el invierno, la llegada del frío. Era una necesidad de subsistencia para
todas las familias que podían costear un cochino.
Suponía
una arraigada tradición rural y familiar que se celebraba en los meses fríos, de
noviembre a marzo, para abastecer las despensas. Como se trataba de una actividad laboriosa, se invitaban a
las mujeres más allegadas de la familia y a las vecinas con las que se
mantenían buenas relaciones. De este modo, se convertía en un acontecimiento de
unión familiar y vecinal.
En
los pueblos de Sierra Mágina, la matanza del cerdo se convirtió en una celebración gastronómica y cultural. Esto sucedía sobre todo en las familias numerosas y con
cierta solvencia económica. El puerco era un animal del que se aprovechaba todo
para comer y hacer embutidos: morcillas, chorizos, butifarras, salchichones y
otros productos. Estos se secaban colgados en unas cañas en los terrados, que
estaban bien ventilados por el aire frío del invierno y hacían de cámaras
frigoríficas.
Los lomos se echaban aceite o adobo en una orza
y se iban sacando raciones a lo largo de todo el año para alimentar a la
familia. Lo mismo sucedía con los demás productos. Sobre todo, estos se
consumían durante el invierno por su alto valor calórico. La manteca se guardaba
en trozos salados o derretida en una orza. Los jamones, las espaldillas y los
costillares se enterraban en sal gorda durante varios días y luego se colgaban
para consumirlos, transcurridos unos meses.
Los
cerdos se engordaban con bellotas, con maíz y con los residuos vegetales
sobrantes de las comidas de la familia. Los cochinos solían ponerse muy gordos
y lustrosos. Cuando estaban de este modo, su lomo, poblado por cerdas gruesas y
puntiagudas, daba gusto acariciar. Tenían un cabeza grande y poderosa y un
hocico plano con dos agujeros para encauzar los olores y percibirlos en el
cerebro en toda su esencia y magnitud. Su piel era gruesa y anaranjada. Las
patas, cortas y fuertes, servían para soportar el peso de su corpachón,
terminaban en unas pezuñas grisáceas, hendidas por el centro, que le permitían
desplazarse con facilidad por todo el corral.
A
pesar de su excesivo peso, se movían con agilidad para atrapar con la boca
cualquier residuo visto desde la distancia, porque tienen una vista buena y
clara. Su cola corta y recia les sirve de timón y les permite conseguir el
equilibrio. Los ratones o las ratas que acudían a la pila, en donde las
familias les echaban la comida, eran sorprendidos y devorados antes de coger
cualquier bocado gustoso con el que alimentarse.
Los cerdos se encerraban en zahurdas,
ahijaderas o pocilgas. En ese lugar y en una pila les echaban la comida. Los
cochinos, que tenían fama de ser glotones, apenas veían el alimento, agachaban
la cabeza y se ponían comer con gran apetito, ansia y delectación. Actualmente
las matanzas han caído en desuso en los hogares. Ahora son las empresas
cárnicas quienes las hacen con más medidas de higiene y control sanitario.
Encarna Gómez
Valenzuela http://trabajosdeencarna.blogspot.com

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