LA HERIDA DE LA TIERRA
Agitar las oscuras cenizas del olvidoy ver cómo se hunden los peces del recuerdo
en las aguas subterráneas del pasado,
es como navegar a la deriva
por un mar tempestuoso.
Un pueblo tiritando al sol de invierno,
las calles empedradas de suspiros
y la niebla, que ensombrece los tejados desnudos,
zozobran en las cornisas del crepúsculo.
Es la tímida canción del desvarío
cantada con murmullos lacerantes.
Son los campesinos que regresan
de dar luz a la herida de la tierra
con la fuerza visceral de sus entrañas.
Caminan enquistados en anhelos,
cansinos en su torpe asimetría
de sueños y de pájaros silentes
que sobrevuelan, escurridizos,
los surcos de su corazón.
Sus manos satinadas de pasiones
arrastran el dolor de la cosecha
que muere en el furor de la tormenta,
que yace bajo un sol devastador
quemada entre suspiros y lamentos.
Es la adusta dimensión de la miseria
que vaga en el ambiente vespertino.
Es el latido ancestral de los olivos
quien siega la ilusión de sus afanes.
Son los cultivos que gimen
rasgando el vendaval de sus designios.
Y tú, cansado, como Sísifo,
andando y desandando los senderos,
me miras al trasluz de la penumbra
cargado con la piedra del destino.
Tus ojos, encendidos como antorchas,
visten el temporal del alma mía
y observan cómo la luna se asoma
al ventanal abierto del ocaso.
Una escuálida cortina de susurros
al ritmo detenido de la lluvia
evoca las antiguas emociones
que brotan lentamente de la tarde.
BALADA DE OTOÑO
Llueve sobre los tejados de la noche,
sobre el asfalto de los pesares llueve.
La lluvia es como un suspiro que brota
del corazón errante y se estanca en la garganta.
La lluvia es una canción silente
que se derrama en los valles de tu piel.
Las lágrimas del cristal, atrapadas en el vacío del tiempo,
recorren las veredas de mi pecho.
-Letargo de abanicos que lloran-
Otro lenguaje imposible que busca el rastro
de lo fugaz en el cáliz de la tarde.
Una balada de otoño que plácida y silenciosa se arremoline
en las praderas del alma. Estertor de lo incierto en el crepúsculo.
Melodía de los pianos del aire. Arpa herida entre sollozos.
La rosa del amor me ha clavado sus espinas.
Es el ocaso que llama en la aldaba de mi puerta
con su plomiza luz en lo oscuro, donde todo es herrumbre y silencio.
Una balada en otoño que convoque a las estrellas
y a los pájaros heridos que dormitan en tus manos,
para que dibujen senderos de fingida luz en tus pupilas.
Llueve sobre los tejados de la noche,
sobre el asfalto de los pesares llueve.
La lluvia es como un suspiro que brota
del corazón errante y se estanca en la garganta.
La lluvia es una canción silente
que se derrama en los valles de tu piel.
Las lágrimas del cristal, atrapadas en el vacío del tiempo,
recorren las veredas de mi pecho.
-Letargo de abanicos que lloran-
Otro lenguaje imposible que busca el rastro
de lo fugaz en el cáliz de la tarde.
Una balada de otoño que plácida y silenciosa se arremoline
en las praderas del alma. Estertor de lo incierto en el crepúsculo.
Melodía de los pianos del aire. Arpa herida entre sollozos.
La rosa del amor me ha clavado sus espinas.
Es el ocaso que llama en la aldaba de mi puerta
con su plomiza luz en lo oscuro, donde todo es herrumbre y silencio.
Una balada en otoño que convoque a las estrellas
y a los pájaros heridos que dormitan en tus manos,
para que dibujen senderos de fingida luz en tus pupilas.
ABRE TUS BRAZOS
Abre tus brazos a mi cuerpo, amor.
Ábrelos como una plácida llovizna de otoño en los jardines.
Riega, con tus aguas de luz, la flor de mis desencantos.
Mírate en los espejos del tiempo,
ellos te darán la medida exacta e imperecedera
de la soledad y del tedio que pueblan el desamor.
Desenreda tus cabellos con el peine de los sueños
que crecen en tu interior y que te hablan de mí.
Desdibuja el temporal de los desdenes
con la brisa fresca y aterciopelada
que dimana de las mieles de tu boca.
Deja que busque lunas de pan y de miel
en la dorada calidez de tu cuerpo hacia la tarde.
Que la noche silenciosa y cantarina de nuestras ilusiones
nos acune en su regazo como la brisa y el sol.
Deja que borre la herida que te causó la tristeza en el alma.
Ahora sé que la melancolía no es esa llaga infecta
e inútil que nos puebla el pecho de fantasmas,
que nos llena de sollozos los desiertos de la noche.
Es esa frontera cruel que, a hurtadillas, cubre
nuestro corazón de ausencias y de agonías.
No la dejes anidar en tu pechera, así podremos evitar
que la borrasca nos inunde las entrañas.
Un oasis de frescor y de dulzura es tu mirada,
allí donde habitan y germinan todos los sueños .
Abre tus brazos amor al jardín inagotable de dicha
y de frenesí que puebla de rosas y de alhelíes
el cálido vergel de nuestro cariño.
FINALISTA EN EL VI CERTAMEN DE POEMAS DE AMOR RUMAYQUILLA. ORGANIZADO POR LA ASOCIACIÓN ARTÍSTICO LITERARIA ITIMAD DE SAN JUAN DE AZNALFARACHE (SEVILLA).
Abre tus brazos a mi cuerpo, amor.
Ábrelos como una plácida llovizna de otoño en los jardines.
Riega, con tus aguas de luz, la flor de mis desencantos.
Mírate en los espejos del tiempo,
ellos te darán la medida exacta e imperecedera
de la soledad y del tedio que pueblan el desamor.
Desenreda tus cabellos con el peine de los sueños
que crecen en tu interior y que te hablan de mí.
Desdibuja el temporal de los desdenes
con la brisa fresca y aterciopelada
que dimana de las mieles de tu boca.
Deja que busque lunas de pan y de miel
en la dorada calidez de tu cuerpo hacia la tarde.
Que la noche silenciosa y cantarina de nuestras ilusiones
nos acune en su regazo como la brisa y el sol.
Deja que borre la herida que te causó la tristeza en el alma.
Ahora sé que la melancolía no es esa llaga infecta
e inútil que nos puebla el pecho de fantasmas,
que nos llena de sollozos los desiertos de la noche.
Es esa frontera cruel que, a hurtadillas, cubre
nuestro corazón de ausencias y de agonías.
No la dejes anidar en tu pechera, así podremos evitar
que la borrasca nos inunde las entrañas.
Un oasis de frescor y de dulzura es tu mirada,
allí donde habitan y germinan todos los sueños .
Abre tus brazos amor al jardín inagotable de dicha
y de frenesí que puebla de rosas y de alhelíes
el cálido vergel de nuestro cariño.
FINALISTA EN EL VI CERTAMEN DE POEMAS DE AMOR RUMAYQUILLA. ORGANIZADO POR LA ASOCIACIÓN ARTÍSTICO LITERARIA ITIMAD DE SAN JUAN DE AZNALFARACHE (SEVILLA).
CANTO A SIERRA MÁGINA
CANTO A SIERRA MÁGINAQuisiera volar contigo hacia las estrellas
Sierra Mágina querida,
salvar infinitas distancias de años luz
entre tú y nuestros ancestros,
nutrirme de las esencias de una mañana de estío
para bordar pinceladas de quietud y de calma
en tus nacarados cielos.
Quisiera ajustar el universo vertical
de mi cuerpo a la geometría horizontal de
de tus paisajes para beber bocanadas
de nostalgia en las fontanas del verso
que emanan de tus entrañas.
Quisiera, Sierra Mágina querida,
sentir en mi pecho ese don privilegiado
del crepúsculo vespertino,
encendido de pasiones, derramándose
en el espacioso horizonte de tus verdes
olivares, iluminados, por ese sol de plenitudes
que dimana de la tarde.
Acuarela luminosa que tiñe de carmín
las veredas sedientas del corazón anhelante.
Haces de melancolía en tus pupilas.
Girones de tibio sol en las laderas del alma.
Es el invierno que llama a las jambas de tu puerta,
para coronar tus cimas con capa de blanco armiño.
Quisiera vengar los desvaríos que las tempestades
han trazado en tus dorados paisajes.
La gélida sordidez de las mañanas de enero
en las que el aire se atavía con manto de fría escarcha.
Sumergirme en el azul ambarino de tus cielos.
Extender mis alas de mariposa
como abanico de espumas para entretejer
suspiros de blanca luna en las mañanas de mayo.
Quisiera sentir la fresca brisa de tus alboradas
sobre mi rostro encendido, ansioso de primaveras.
Con tu luz y con tus sueños bordas
gaviotas de ilusión en el doblez de mi enagua.
Quiero buscar un sendero ignoto
en tus tupidos pinares o en tus campos de olivares,
y caldear a tu lado los valles de la esperanza,
para perderme luego en los valles de Almadén
o de Aznaitín y reencontrarme después
en el centro cóncavo de tu existencia.
Quiero bucear como una ola salvaje
en el piélago azulado de tus paisajes
para avivar esa llama de dulzura que late
en el fondo de tu corazón.
Te llevo en lo más hondo de mi alma
Sierra Mágina querida.
Serás luz o estrella de añoranza
que ilumine todos los senderos de mi pecho.
II PREMIO EN EL II CONCURSO DE POESÍA DE SIERRA MÁGINA CONVOCADO POR LA ADR SIERRA MÁGINA. CAMBIL 22 DE DICIEMBRE DE 2010
ESPEJOS DE SILENCIO
ENCARNA GÓMEZ VALENZUELA
FINALISTA EN EL II CONCURSO DE POESÍA PUENTE DE LETRAS EDITORES. LA BAÑEZA (LEÓN) MARZO DE 2010
El mar siempre canta con el violín de sus olas.
El mar siempre baila con su traje de algas.
El mar siempre habla esperando la lluvia.
Su lenguaje es versátil y amable.
Sus palabras mojadas abanican los vientos.
El agua teje espejos de silencio
más allá de los cristales y las arenas del desvelo.
Acaso los límites del hielo cierren su puerta
a las palabras dichas y no escuchadas
donde la muerte es un acto irremisible
que levanta una polvareda de esqueletos.
Sus marejadas serán una dimensión amarga
cuando el negro pájaro de la noche con sus alas rotas
sobrevuele las playas del corazón.
Entonces estaremos en la orilla indefinida
del alma forjándonos anillos de tristeza.
Cuando el mar viste su apariencia
de camelias dormidas en el regazo del agua
tenemos la urgente necesidad de amar,
de sentir en nuestra piel el delicado idioma
de las caricias que nacieron al abrigo de nuestros
infantiles sueños.
Cuando el mar lustre de esmeralda
las veredas del silencio creeremos en la eternidad
de aquel instante fugaz que gestó la luna
en las cornisas del firmamento con sangre y médula
por donde han de navegar los veleros del olvido.
La espuma teje un laberinto de sueños.
El mar decide su espejo, su silueta al caminar
hacia un territorio neutro -exilio de marineros-
donde el sol finge la luz entre los peces.
Con el arpa mágica de sus desvelos
el mar abraza la fontana dorada
donde nacen los sueños.
El mar siempre canta
con el violín de sus olas
esperando la lluvia.
El mar siempre canta con el violín de sus olas.
El mar siempre baila con su traje de algas.
El mar siempre habla esperando la lluvia.
Su lenguaje es versátil y amable.
Sus palabras mojadas abanican los vientos.
El agua teje espejos de silencio
más allá de los cristales y las arenas del desvelo.
Acaso los límites del hielo cierren su puerta
a las palabras dichas y no escuchadas
donde la muerte es un acto irremisible
que levanta una polvareda de esqueletos.
Sus marejadas serán una dimensión amarga
cuando el negro pájaro de la noche con sus alas rotas
sobrevuele las playas del corazón.
Entonces estaremos en la orilla indefinida
del alma forjándonos anillos de tristeza.
Cuando el mar viste su apariencia
de camelias dormidas en el regazo del agua
tenemos la urgente necesidad de amar,
de sentir en nuestra piel el delicado idioma
de las caricias que nacieron al abrigo de nuestros
infantiles sueños.
Cuando el mar lustre de esmeralda
las veredas del silencio creeremos en la eternidad
de aquel instante fugaz que gestó la luna
en las cornisas del firmamento con sangre y médula
por donde han de navegar los veleros del olvido.
La espuma teje un laberinto de sueños.
El mar decide su espejo, su silueta al caminar
hacia un territorio neutro -exilio de marineros-
donde el sol finge la luz entre los peces.
Con el arpa mágica de sus desvelos
el mar abraza la fontana dorada
donde nacen los sueños.
El mar siempre canta
con el violín de sus olas
esperando la lluvia.
LOS VALLES DEL INVIERNO
ENCARNA GÓMEZ VALENZUELAPRIMER PREMIO EN EL I CERTAMEN DE POESÍA
DE SIERRA MÁGINA CONVOCADO POR LA A.D.R.
SIERRA MÁGINA CAMBIL 30 DE ENERO DE 2010
Hace frío en los valles del invierno
Sierra Mágina del alma.
Hace frío en las camadas del cierzo.
Y en tus verdes olivares, repletos de verso y copla
se arremolinan las penas.
Escucho el eco de tu latido
en la sombra oscura de tu dolor,
de soledades y ausencias,
de poesía y de lamentos.
Acércate a mi pecho y apura
las caricias de la tarde,
el beso que te da la brisa y
el sueño morado de las aceitunas
que maduran sus ilusiones
bajo el sol de tus anhelos.
Tus soberbias cumbres aladas
agitan los vientos del crepúsculo
al ritmo cruel de la luz macilenta del ocaso.
El aire febril de tus alamedas
se desliza por tus valles de templanza
al compás de soleares.
La escarcha plateada
de tus mañanas de invierno
congela el temporal del alma mía
cuando el llanto de tus ojos deviene
diminutas gotas de rocío para alimentar
las rosas de tus jardines.
Murallas de añoranza en tus casas,
encaladas con el blanco de la aurora.
Deja que respire tu aliento,
que beba el dulce néctar de tus labios,
que destiña el vendaval de melancolía
que sobrevuela los surcos de la tristeza
con las manos dadivosas del amor.
Te llevo en mi corazón
Sierra Mágina del alma.
Por las veredas de la esperanza camino.
Por los gratos senderos de la ilusión
voy a tu encuentro.
Una guitarra suena en la noche de mi queja
y me habla de tus pueblos, de tus campos,
de tus gentes, de tus proyectos de vida
donde la luz se hace historia
y el suspiro campanario
para tañer a arrebato.
ENCARNACIÓN GÓMEZ VALENZUELA
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