79-CRISTALES ROTOS
Todo se derrumba a nuestro alrededor
con ese ingente volcán del desamor,
con la lacra de las guerras,
con tantas muertes injustas,
con el odio que sembramos a diario.
Y todos nos empeñamos
en construir castillos en el aire,
pero un día llega el magma y la lluvia de cenizas
y arrastra todas nuestras ilusiones.
No podemos cerrar los ojos ante la realidad.
Nos duelen todas las guerras,
y todas las muertes injustas,
y todas las invasiones y la soberbia y el odio
y la discriminación racista.
¿Por qué pusimos el primer ladrillo
a la casa de nuestros sueños, si estábamos
edificando en arenas movedizas?
¿Por qué colocamos nuestros ojos en la oscuridad de la
noche, pudiendo haberlos puesto en los jardines del sol?
¿Por qué cometimos la insensatez de creer en lo
que no somos ni nunca llegaremos a ser?
¿Por qué vemos la vida pasar y le ponemos zancadillas?
¿En cuál de los peldaños de la escalera
tropezamos con el olvido y el desamor?
¿Por qué la vida nos asesta estos golpes tan bajos?
¿Por qué nos engañan todos?
¿Quién llevará la razón, el de este bando
o el del del otro? Posiblemente, ninguno.
Todos aciertan y fallan. Todos nos equivocamos.
¿En cuál de las estrellas del firmamento
estará escrito nuestro destino amable?
¿Y el amor perdido, la paz y la concordia
en dónde los encontraremos?
Llegará el día en el que los vientos alisios
arrastren nuestra derrota hasta el abismo.
Pero, hasta entonces, habremos de aceptar nuestro
destino adverso y llorar la noche de nuestras penas,
derramando gruesas lágrimas de cristales rotos,
que desgarrarán la piel de nuestras mejillas.
POEMA COLGADO EN LA REVISTA ALDABA DE LA ASOCIACIÓN ITIMAT DE SAN JUAN DEL ALNAFARACHE (SEVILLA)
Estoy tendiendo mi sari de niña pobre, de
niña sola,
mi sari de chiquilla abandonada a los
desmadres del tiempo,
mi sari de desamor y engaño, sari de
desesperanza
que yo quiero transformar en un sendero a
la vida en libertad,
a la justicia, a la paz, al amor y a la
hermandad.
Mis padres no me querían, mis padres me
abandonaron.
¿Por qué lo harían? Me pregunto cada día
con el corazón sangrando.
¿Por qué no me retuvieron en el hogar como
a mis otros hermanos?
Quizá porque mi sexo es interno, porque
sería apetito y deseo de los varones,
porque podía concebir, abrir mi cuerpo a
la vida y a los crespones del tiempo.
Acaso una chica vale menos que un
muchacho.
Sé que todo es diferente entre un hombre y
una dama,
pero nosotras, las niñas, podemos ser tan
valiosas como el sol que nos alumbra
con sus rayos poderosos, podemos lanzar
calor en todas las direcciones,
podemos mover el viento con trayectoria
benigna y ser un día esplendoroso
en todos los calendarios de este mundo y a
la orilla de los versos,
podemos ser un poema con rimas de miel y
azúcar, de sonrisas y arrumacos,
de caracoles y sueños. Podemos ser esa
luna que brilla en lo alto de los cielos,
para alumbrar nuestras noches, para
alimentar amores y proyectos de futuro,
para ver el firmamento y detestar sinsabores,
ser placidez y dulzura,
cristales blancos del firmamento, rostro
bello mirándose en los reflejos
de ese mar de caracolas y espumas, de
caballitos y olas.
También podríamos ser estrellas brillando
en el firmamento,
calibrando sus mil brillos en las terrazas
del aire.
Ser estrella de los vientos con sus puntos
cardinales en las cuatro direcciones.
Luceros parpadeantes que hacen cien guiños
al mundo.
Las mujeres tenemos alma, corazón y mente,
sentimientos y esperanzas
Quizá tus progenitores, pequeña, nunca pudieron criarte.
Quizá les faltaba aliento para acunarte en
sus brazos para sanar tus heridas.
Para cogerte la mano y llevarte por las
calles con la cabeza bien alta.
Las mujeres de la India alzan su voz a los
vientos y no las escucha nadie.
De pequeñas, son abandonadas como si
fueran tortura y desolación,
como si fueran herida mortal que hará
sangrar la familia,
pero en realidad, quienes sangran son las nenas
abandonadas.
Las niñas indias han de labrarse un futuro
ellas solas a costa de sacrificios
en esos orfelinatos a los que las condena el
destino cruel del mundo.
Van siempre a la deriva del tiempo hostil
que las ha desprotegido,
que las ha condenado al silencio de los
proscritos.
A pesar de todo esto, ellas desean ser
golondrinas y volar
por el ancho cielo al socaire de los
vientos,
ser palomas mensajeras de esperanza,
cubiertas por lindos saris de seda, como
si fueran sus alas
para volar por el espacio infinito con unas
plumas tan blancas
como la nieve, decoradas con bellas flores
de pétalos escarlata,
¿Qué haces hermosa niña entre colores y
sedas?
¿Entre rojos y azulados, entre amarillos y
verdes?
¿Tiendes tu sari de amor para que el aire
lo abrace?
No sufras más niña mía, llegará el día en
que las mujeres,
de tu país y del mundo, puedan encarar el
destino, frente a frente,
Y subir a las estrellas, todas juntas, de
la mano,
para acariciar la luna y mirarse en los
espejos del viento,
para dirigir a buen puerto el velero de su
existencia vital.
Y no sufrir nunca más un destino tan adverso.
Encarna Gómez Valenzuela
Este poema ha sido publicado en la Antología, SARIS DE SEDA. REALIDADES DESVELADAS
se
arremolina en mi alma para llorar las ausencias.
Melodía
de los pianos del aire. Cítaras que el viento mece.
El
harpa, herida de amor, gime cerca de mi corazón.
Una
rosa de pasión me ha clavado sus espinas.
Febril,
la luna se escinde en dos mitades simétricas,
teñida
de luz de plata y escarcha en el lagrimal.
Es
el ocaso que llama en la aldaba de mi puerta.
Las
lágrimas del cristal, atrapadas en los espejos del tiempo,
recorren
las veredas de mi pecho.
Una
balada de otoño, un verso triste de melancolía
Como
un poema dormido en el regazo del agua.
Los
surcos del amor se vuelven herida,
llanto
lastimero, como música y crisol
que
rebosan las fronteras del corazón de la tarde.
Una
balada de otoño como una danza de esquirlas
de
sol o de blanca luna en noche de plenilunio.
Doradas
hojas que el viento mece,
la
esperanza de una nueva primavera
se
dibuja en las flores del almendro.
Cuando
invierno se marchite en la enramada del tiempo
florecerán
los olivos y la hiedra anillará su aureola de esperanza
en
los soleados valles del mes de marzo.
Llueve
sobre los tejados,
sobre
el asfalto de los pesares, llueve.
La
lluvia es como un suspiro que sale del corazón
y
se estanca en la garganta.
La
lluvia es una canción silente,
que
da aliento y esperanza a los valles de mi piel.
Las
vides han derramado su miel en los lagares de otoño.
Luego
la lluvia sutil, frágil como este poema
Se
desgaja en racimos de templanza.
Es
el otoño que entona su canción de lluvia y viento.
Nostalgia
en el corazón, melancolía en el alma
Aquí está mi poema dedicado a Pegalajar y a la Virgen de las Nieves. Ha salido en el programa de festejos de este año 2025. A ver si os gusta.
76-PEGALAJAR Y LA VIRGEN DE LAS NIEVES
Quisiera volar contigo hacia las estrellas,
Pegalajar de mi alma,
salvar infinitas distancias de años luz
entre tú y nuestros ancestros,
nutrirme de las esencias de una mañana de estío
para bordar pinceladas de calma y de humanidad
en tus nacarados cielos.
Quisiera ajustar el universo vertical
de mi cuerpo a la geometría horizontal de
de tus paisajes para beber bocanadas
de nostalgia en las fontanas del verso
que emanan de tus entrañas.
Quisiera, querido Pegalajar,
sentir en mi pecho ese don privilegiado
del crepúsculo vespertino,
encendido de
pasiones, derramándose
en el espacioso
horizonte de tus verdes
olivares, iluminados por ese sol de plenitudes
que dimana de la tarde.
Acuarela luminosa que tiñe de carmín
las veredas sedientas del corazón anhelante.
Haces de alegría en tus pupilas.
Céfiros de cálido sol en tus laderas silvestres.
Es el verano que llama a las jambas de tu puerta,
para coronar tus cimas con mantos de transparencia.
Anhelo llevar a esa Madre querida,
nuestra Virgen de las Nieves, dentro de mi corazón.
Quiero pedirle bondades para los pegalajeños,
los de aquí y los de fuera, aquellos que hace tiempo
se alejaron de esta tierra para buscarse la vida.
Bendícelos, Madre santa, para que nunca sus pies
se extravíen por las veredas del mundo.
Bendita madre de Dios y de los pegalajeños,
trae el agua a nuestra Fuente de la Reja,
que se llene nuestra Charca con las lágrimas del cielo,
con las bondades del niño que llevas entre tus brazos.
Protégenos del peligro y trae al mundo la PAZ.
Que terminen ya las guerras,
que no sucumban los pobres ni mueran los inocentes,
que no haya hambre en el mundo.
Reparte tú la riqueza con equidad y con justicia.
Pide a tu Hijo querido que perdone nuestras culpas
y nos llene de su amor para poder repartirlo,
entre todos los humanos, con gran generosidad.
75- LA FIESTA DE SAN GREGORIO EN PEGALAJAR
La dulce línea de la Serrezuela,
recortando el cielo azul al filo de las tijeras
—potestad de clavicordios en el aire
que enamora nuestras almas— nos ayuda
a dar comienzo a estos días de bullicios y verbenas
en honor de nuestro santo patrón, San Gregorio Nacianceno.
Celebrando esta fiesta tan ancestral y entrañable,
entonamos mil plegarias y damos gracias al Señor,
por los dones recibidos en nombre de nuestro santo,
en este rincón del mundo: Pegalajar de mi alma.
Celebramos la Eucaristía en la parroquia,
misa solemne en su honor.
Acabado este hermoso ritual, sacamos la procesión
que recorre nuestro pueblo, con sus calles
engalanadas de fiesta, con sus plazas y jardines.
Cuando pasa San Gregorio por la Fuente de la Reja,
le rogamos al patrón con sinceridad y amor,
con la fe que emerge de nuestro pecho,
y se derrama en la boca y en los labios,
que vuelva a manar el agua que nos alegró la vida
y fue aliciente en la infancia verla brotar jubilosa,
en el fondo de la fuente para saciar nuestra sed,
que se nos llene la Charca de cristales
y de sueños, de diamantes y de perlas
y que nos mande las nubes, preñadas y generosas,
para que caiga la lluvia sin violencia ni desmadres.
Así veremos de nuevo la delicia de las aguas
ondear en el estanque, ser espejo de la luna
y jugar con los luceros, correr por nuestras acequias
para regar nuestros campos, las huertas, los olivares
dando vida a los eriales y a los corazones mustios,
sin esperanza en la vida y sin fe en ya los misterios
del cielo y de todo el universo.
Encarna Gómez Valenzuela
Acertó el cinco de agosto a embriagarnos de alegría.
Introdujo su clamor por las puertas y balcones.
Repiqueteos de campanas y sonidos musicales
deleitan nuestros oídos y embargan nuestros anhelos.
Sol de estío, brillando en el ancho espacio.
Algarabías infantiles
y estallidos de cohetes.
Es el día de la Patrona, de la Virgen de las Nieves.
Es una jornada mágica que nos convoca al festejo
y nos llama a la plegaria, a la Eucaristía y al rezo.
El tiempo se detiene en las cornisas del tiempo.
El cielo luce un azul turquesa tan intenso y
cristalino
como el aire de la sierra y nuestro pueblo
se viste de transparencias, de verbena y regocijo.
En el pecho, se desbordan el alma y el corazón. Se nos
escapa un suspiro para implorar a la Reina de todos
los santos.
Los devotos acudimos a la iglesia.
La calima veraniega nos acecha por las calles.
No nos importa el calor para asistir a tu fiesta.
Nuestra Madre de las Nieves nos aguarda en su morada,
lozana como una rosa del Jardín de las Delicias.
El leve roce de unos labios que besan tu manto,
esperando
algún milagro o haciéndote una promesa, me estremece.
¿Quién podrá llenar el vacío de mi alma?
Solo tú, Virgen querida. Te entrego todo mi ser
y vengo a felicitarte en el día de tu santo.
73-A MI PUEBLO Y A LA VIRGEN DE LAS NIEVES
Pegalajar escucha mi llanto y oculta,
entre la sal de mis lágrimas, la maraña
de suspiros que brotan de mi garganta,
por esa Charca, vacía de agua y de rayos de luz de luna,
la noche en que, etérea brilla, en lo alto de esos cielos.
Dulces ecos de campana anuncian el día
cinco de agosto en cuanto alborea el tiempo,
donde perdura el crespón de los corales matutinos,
la seda de los abanicos que dan frescor a la tarde.
Pegalajar embarca ilusiones
que caminan entre las olas del verso,
para navegar en clandestinos veleros
hacia las remotas playas en donde habitan sus gentes.
Sangre mi boca sedienta
por el bordón de esa Charca de poesía
si no acuno las caricias que los cielos dibujaron
en las aguas subterráneas del deseo.
Sean mis manos acuarela, hilo fino
para bordar esperanzas en el corazón herido,
para zurcir la costura del dolor, para curar las heridas,
de esos paisanos perdidos en los mares del olvido,
de esos que tuvieron que marcharse, que emigrar,
pero nunca jamás olvidaron el pueblo,
donde vieron la primera luz del día.
Vaya para todos ellos un gran abrazo filial
y una invitación sincera, rogándoles regresar al pueblo
de sus amores, a pesar de los vientos contrapuestos del destino.
Deja querido Pegalajar que las calurosas tardes de agosto
veneren a esa Madre soberana, a la Virgen de las Nieves
y llenen su trono de rosas, su pechera, de ilusiones,
sus dedos, de buganvillas, sus manos, de corazones,
sus caderas, de alhelíes y de gardenias.
Deja que los pegalajeños, aquellos
que aman a su pueblo, llenen la Charca de agua;
de risas, los rincones de la Fuente de la Reja,
para soñar palomas mensajeras que sobrevuelen
ese mar pegalajeño tan chiquito y entrañable.
Como lágrimas azules de templanza
en lo profundo del alma, se llenará nuestra Charca
si jamás olvidamos sus orígenes, ni tampoco a
a aquellos campesinos laboriosos y sencillos,
que tanto lucharon por ella y que escucharon el grito
que sus muros escribieron con sangre y médula puras:
“A quienes tanta vida di, les reclamo,
en justicia, que no me dejen
morir”.
Cuando la Fuente esté rebosante de dulzura,
cada silencio, de las gentes de mi pueblo,
será una ola de calma en mi corazón de agua,
cada palabra dicha y oída, una luz a la esperanza,
para que la Charca se llene con perlas y con diamantes
y con gotas de rocío, y nunca jamás se vacíe.
Encarna Gómez Valenzuela
http://trabajosdeencarna.blogspot.com
El poema de mi autoría colgado en el programa de festejos de 2024.
72-TIERRA DE
AMORES (A MI PUEBLO)
Tierra de
amores y olvidos.
Tierra de
ausencias...
Olivo en flor.
Aguacero.
Piélago
enfervorecido,
de olivares y
montañas.
Pueblas mis
sueños con otros mares
y,
mansamente, me conduces
al
océano de la vida.
Un
día me alejé de ti, como Ulises,
obligada
por aires de la docencia.
Batallé contra
los vientos hostiles,
salidos de la
caja de Eolo, dios del viento,
por la estulticia
de los torpes marineros.
En la isla de
Circe, hube de luchar
contra
Polifemo, el cíclope de un solo ojo,
y
abandonar a la ninfa Calisto.
Pero
jamás me dejé embaucar
por
las dulces melodías de las sirenas.
Con
cera de las abejas, taponé mis oídos,
y
cerré mi corazón al amor de otros lugares.
Así
pude regresar a tus queridos paisajes.
Tierra
querida, anhelada tanto tiempo,
recordada
en lo profundo del alma.
Al llegar a mi Ítaca querida,
descubrí
con dolor de corazón
y
frío llanto en el lagrimal de mis ojos,
que
la Fuente de la Reja con su
ronco
y sediento suspiro de quejas,
había
dejado de manar, de regalarnos
los
diamantes de sus aguas.
Que
estaba seca y baldía
que
había dejado de escuchar
el
murmullo de las aguas
y
que iba muriendo cada día,
perdida
en el rumor del silencio.
71- LA PRIMAVERA
La primavera amistosa va tocando los jardines,
con su varita de magia, con su soplo de alegría.
En el rosal, pone rosas. En las macetas, geranios
multicolor,
malvas chinas, hierbabuena, campanitas y jazmines.
En los vergeles, florestas. En los árboles, las
flores,
en mi alma pone amor hacia todos los humanos.
Y en esa puerta entreabierta de mis labios, muchos
besos
para repartir al mundo y a las gentes que tengo a mi
alrededor.
En las plantas, hojas verdes y retallos que, con su
blonda
de seda, cubrirán todos los parques y los jardines se
llenarán
de poesía. Durante todo el verano, lucirán sus
esplendores.
¿Quién dará a la primavera esas flores tan preciosas,
esos colores tan bellos, esos olores tan tiernos,
esa brisa tan suave y esas lindas mariposas?
¿La madre Naturaleza o el propio Dios en persona,
o la Virgen o los santos o los ángeles del cielo?
Yo nunca pude saberlo, ni estudiarlo en libro alguno.
Solo sé que sus espejos no los lustran las criaturas
ni los proyectan personas ni los propios gobernantes.
Que sus profundos misterios no los dibuja la gente.
Que una mano poderosa, allá en lo alto del cielo,
teje amores, sentimientos, cualidades y alegrías.
Y manda a la primavera ponerse traje de gala.
Adornar los ventanales, vestir todo de armonía.
Poner flores en los tiestos y amor en los corazones,
en los labios, risas, besos y canciones afectivas
y misiones de esperanza. En los jardines del mundo,
planta claveles y rosas. Y en el aire pinta alondras
y palomas mensajeras que, alegres revolotean,
las cornisas del interior de mi alma.
Hoy ha llegado la lluvia
vestida de viento amable,
acompañada de risas,
de alegrías y de esperanzas.
Hoy ha llegado la lluvia,
liviana como un vestido de encaje
vaporosa, como un tisú de alhelí.
Me ha cogido de la mano,
me ha llevado al paraíso,
donde se hallan los manantiales del agua,
las dulces fuentes del corazón.
Hoy ha llegado la lluvia,
sutil, como un guiño enamorado,
frágil, como una caricia,
tierna, como un abrazo de amor.
Hoy ha llegado la lluvia,
fresca como la brisa de estío,
suave como un capullo de seda,
afable como el beso de una flor.
Los pájaros de mi pecho
entonan dulces gorjeos, para festejar la
lluvia.
Las palomas mensajeras de mi alma
revolotean alegres y jubilosas
alrededor de sus nidos, celebrando su
llegada.
La lluvia viene como una fruta tardía,
como un hermoso trigal, a punto de ser
segado,
como un viñedo de uvas de ron y miel
esperando la vendimia.
Como un olivo en invierno que deja
sus aceitunas en manos del labrador.
POEMA DE MI AUTORÍA PUBLICADO EN LA ANTOLOGÍA POETAE MUNDI.
Era la tarde una
rosa
vestida de primavera,
era el aire una
gardenia que crecía
en el jardín de los
sueños.
Eran tus labios dos
fresas que lastimaban mi pecho
con su dulzor y su aliento,
con su sonrisa y su magia.
Eran tus manos palomas
que volaban presurosas
por esos cielos de
calma, azulados como el verso,
para traerme tu amor a las
playas de mi cuerpo.
Y tu alma
era un lucero que
iluminaba mi vida,
con una luz refulgente, desde
la aurora, al ocaso.
Era tu talle palmera
cimbreando a contraluz
en las pestañas del
tiempo de nuestros deseos.
Y tus ojos,
dos espejos, cristales
fosforescentes
que me acercaban la
imagen
del jardín de las
delicias.
Tus mejillas, luminosos
arreboles
en una tarde de estío.
Tu corazón,
un jacinto
que se mecía en el
viento
al compás de algún
poema.
Y tu cabello un trigal,
rebosante de amapolas,
y de doradas espigas,
con su oro y con su plata,
que discrepaba, en
silencio,
con el brillo de tu
barba,
y danzaba presuroso
como un poema de amor
por los senderos del alba.
68- LA PRIMAVERA SE ACERCA
Bajo un cielo azul turquesa,
las nubes van ascendiendo,
fieles a sus horizontes,
y se expanden jubilosas
sobre las casas del pueblo,
sin dejarnos sus lágrimas de esperanza,
ni sus cristales diáfanos,
en las cornisas del aire.
Los pajarillos
revolotean alrededor de sus nidos,
y entonan felices trinos,
dando gracias a la vida.
Las mariposas
se van posando en las flores,
nos ofrecen su belleza,
y su alegre colorido,
sus más sutiles primores.
El cielo
es un cántico de amor,
que acaricia el alma mía.
Entre azules y sedosos días de invierno,
o de hermosa primavera,
me lanza un sutil “te quiero”.
En un ardiente fervor,
de pasión, amor y celos,
entrega mi corazón
sus más fervientes misterios.
Los aromas se perfilan
en la rosa de los vientos,
que feliz, su amor impulsa.
Y los quereres se enlazan
con la punta de los dedos.
Un viento suave y alado,
sopla desde las montañas
y acaricia con dulzura,
la cinta de mis pestañas.
En una noche sin fin,
en ese cielo estrellado,
cabalga mi amor a lomos
de algún caballito alado.
Volar con él por el aire.
Vivir, amar y sentir
los bostezos de la vida
en un valle de nostalgia,
en el centro visceral
de los jardines del alma.
67- ANHELOS DE OTOÑO
Hace tiempo que esperamos la lluvia
en los campos del amor y del olvido
en los olivos del verso dormido,
pero ella no se decide a venir.
Hace tiempo que la aguardamos,
con el alma herida por la sequía
y el corazón roto por el llanto.
La lluvia es un poema agradable,
que no quiere visitarnos.
Te esperamos, lluvia, con gran anhelo.
Deseamos que esas nubes esponjosas
que decoran nuestros cielos,
derramen sus dulces lágrimas
sobre los sedientos campos del dolor,
sobre los oscuros tejados de la noche errante,
sobre la faz del planeta Tierra,
herido por la furia de la pertinaz sequía
que devasta nuestros campos.
Tiemblan los olivos por la ausencia
de los vibrantes espejos de la lluvia.
Lloran los ojos de la tristeza y entonan
tristes melodías de llanto y de sufrimiento,
canciones de angustiosa soledad,
al viento cruel de la tarde,
que se enreda en nuestro pecho,
detenido en el silencio,
en ese suspiro turbio que no da
tregua al dolor ni a la desesperación,
en el cielo azul de sus amarguras.
Sopor en los surcos de la pena.
Alarido de las raíces del tiempo
cruel de nuestras desazones.
Las copas de los olivos se agitan
en un río seco de melancolía,
en un arroyo ausente de besos húmedos,
mojados, por la dulce saliva de la lluvia,
de abrazos cálidos, siempre añorados,
y nunca recibidos de los brazos del amor.
66- HE LUCHADO EN MUCHAS GUERRAS
He luchado en muchas guerras.
He ganado mil batallas,
y otras tantas he perdido.
Pero aquí estoy, levantada,
con los brazos extendidos,
aguardando el temporal
o la bonanza del cielo,
esperando un nuevo día,
con su alegría y su pena,
con su tristeza y su gozo.
No digáis que no he vivido,
que lo he hecho en plenitudes.
No creáis que no he sentido
el abrazo de la brisa,
ni las preciosas bondades de esos cielos
azulados y serenos de mi tierra.
He vivido en abundancia
por estos mundos de Dios.
Por eso a Él le debo la vida,
al Camposanto, mi cuerpo,
A los míos, mi legado cultural
de amor, poemas y de versos.
Y a mis padres,
que ya están navegando en otros mares,
todo este tiempo vivido, al arrullo del cariño
en el jardín de los sueños.
A mi marido, ese amor de tantos años,
su apoyo, su compañía, su lealtad,
sus palabras y sus besos,
su convivencia conmigo, sus caricias
y esas dos flores, hermosas,
una rosa y un jacinto,
que cultivó en mi jardín.
Y a mi estrella, la ilusión
de mirarla cada noche
y reflejarme en su esencia,
en los aleros del cielo.
Y a mi país, la alegría
de sentirme protegida.
Gratitud, a los amigos
del alma y del corazón.
A mis paisanos, su respeto
y el cariño que me tienen.
Las lágrimas del cristal,
a las nubes jubilosas,
Y a mi pueblo, la acogida
que me dio el día en el que nací.
He soslayado volcanes,
desamores y tormentas,
He buscado bendiciones,
regocijos y alegrías.
Y he visto lo efímero de la vida
y lo perverso del mundo:
la enfermedad y la muerte,
las pandemias y el horror.
Pero vivo la alegría de sentir,
sobre mi piel, encendida de amapolas,
las caricias de la lluvia,
los besos del firmamento,
los arrumacos del sol.
27-8-2022
65- HOJAS CAIDAS, AMORES ROTOS, PERDIDOS
Como esos amores rotos o perdidos,
que jamás podrán hallarse en los brazos de la vida.
Como esos amores tristes que siquiera se han besado,
ni se han cogido las manos para medir el cariño,
ni han bebido, jubilosos, en la boca del deseo,
o se perdieron un día, en las olas de la niebla,
o los mató la desidia, la pena o el desamor,
los árboles de los parques de mi pueblo
han entregado sus hojas sin remisión
a las furias agónicas del temporal,
a la ira cruel de los crespones del aire.
Ya no podrán proteger las ansias
que crecen en lo más hondo del alma.
Han volado como palomas heridas
por esos cielos ampulosos y oscurecidos.
Han escalado los andamios
del abismo para desfallecer silenciosas
en las solitarias necrópolis del dolor.
El amor es una ola que se mece
en los anhelados mares de la ilusión,
y se pasea en una barca sin remos y sin timón,
navegando a la deriva por aguas tumultuosas.
Se va estancando en el pecho y nos hiere
las entrañas. Se incrusta como una daga
en las laderas del corazón y se apodera del alma,
de la mente y de todo cuanto posees,
desgarrándote la médula, la garganta
y los luceros que alumbran todo tu ser.
Es devastador y huraño
cuando no es correspondido.
Si te ha herido el desamor,
levántate, como una hoja caída,
de ese árbol, despojado de ropajes,
cuyos harapos revolotean imperturbables,
en el ese viento antagónico del otoño.
Y pídele a una estrella que te deje iluminar,
con sus rayos, la noche de tu tristeza.
En CasaRosada, 15 de diciembre del 2021
Quisiera ser luz y sol,
para iluminar tus noches oscuras.
Leño, para quemarme en tu hoguera.
Fuego, para consumir ese tronco fornido,
que va ardiendo lentamente en el hogar,
para caldear tus días, entre llamas encarnadas.
Diminuta pavesa, oscilando en el humo,
y bailando la amable danza del amor sincero.
Llama, para derretir la nieve que el invierno
nos trae, en su alforja de quimeras, y que
cubre las montañas con una blancura hiriente.
Quisiera ser aguacero, para lavar tus heridas,
para escurrirme jubilosa por tu piel,
sin burdos paraguas que cubran tu altiplanicie,
en una noche de magia, entre sonrisas y besos,
entre arrumacos de amor y entre suspiros tiernos,
salidos del alma y del corazón anhelante.
Ser rayo de luz de luna, tirando hilos de plata,
por los montes ambarinos de tu pecho.
Ser alfa y omega de tu longeva existencia.
Ser origen de todos tus devaneos mentales,
cuando bebes agua clara y cristalina
de las lúcidas fontanas del verso eterno,
en el principio del verbo y de la palabra,
dicha y escrita en los anaqueles
del pensamiento febril.
En CasaRosada, a 14 de diciembre de 2021
La lluvia salta al caer sobre la tierra
y deja escapar su aliento y su risa zalamera.
Llueve sobre los campos sedientos,
llueve sobe mi pecho desnudo y seco,
por tantos días de sequía pertinaz.
El agua forma canales y surcos y se derrama
sedosa y versátil sobre la piel de mi cuerpo.
Forma charcos y lagunas y sutiles manantiales,
limpias riadas de plata y arroyos embravecidos.
Y las plantas satisfechas y felices,
con su vientre humedecido y generoso,
entonan dulces canciones, que suenan entre la niebla
y alimentan los amores somnolientos.
Huele a humedad en los jardines del tiempo.
a semillas fecundadas, silenciosas,
al coito entre cielo y tierra.
La lluvia es una canción al día.
un rosario de sonetos a la vida.
La lluvia cae vertiginosa, con suspiros
y lisonjas. Se detiene en los tejados, bota
y juega al colache y a la comba.
Vibra con las canciones del viento.
para empañar los espejos de los mares y los ríos.
La lluvia es un poema de amor, de sutileza
que desata las pasiones, los deseos
y acrecienta las ansias de posesión,
en el cuerpo del amado, en la piel de las estrellas.
Y enaltece las miradas de quienes aman la vida.
La lluvia es el sonido alegre,
de las trompetas del aire,
de los trombones del cielo.
La lluvia se enreda en mi corazón
con jubilosos espasmos de locura y alegría,
y va anegando mi alma con sus cantarinas aguas.
Con furia, rebota en el asfalto de las urbes,
anunciando su coraje y el desgarro de las nubes.
Gracias a Dios por la lluvia, por esa agua preciosa
que regala pan y leche, miel y óleo dorado,
y amamanta las semillas de esta tierra
para que coman los pobres.
En CasaRosada, a 22 de noviembre de 2021
Amanece, en los valles de mi alma
y en las laderas de nuestro pecho.
Las montañas de esta tierra ya reciben,
en su faz, los dulces rayos del sol,
las caricias matutinas de su luz,
y en su espalda, la frescura de la brisa.
El sol, con sus primigenios rayos,
es un fuego incandescente que calienta el corazón,
y nos da los buenos días, reinventando nuestro amor.
Que nos invita a vivir, a seguir por el camino
y a luchar por nuestros sueños.
Y se afana en su ávido deseo de iluminar los
recovecos sombríos, los anhelantes jardines,
para llevar su candor y su hermosura
a los labios temblorosos del deseo,
a las almas doloridas por un amor imposible,
a los poetas febriles que caminan
por un laberinto umbrío.
Todo renace de nuevo en el luminoso día
que nos regala este mundo.
La tierra se reviste de amores y de magia.
Los pajarillos reciben al astro,
trazando revoloteos y entonando dulces trinos.
Dejemos las amarguras, las tristezas, los fracasos
y los amores perdidos y volemos jubilosos
por esos cielos de calma, azulados
y diáfanos, como las olas del verso.
Corramos en busca de la alegría y de la paz,
imitando el ritmo ágil y emocionante
que describen las palomas mensajeras,
en sus memorables vuelos.
En CasaRosada, 9-11- 2021
La mañana de mi dolor será un verso blanco,
o
un pájaro negro en la oscuridad de la noche,
un
poema de melancolía que desdibujará las lágrimas
que
recorren los cauces de mis mejillas.
Todo
es soledad y desamparo a mi alrededor
tupida
terminal de todos mis sueños,
labios
encendidos de tinieblas que, audazmente,
desaguan los cielos de la inocencia.
También
yo me marcharé algún día en ese
tren de negra noche y negaré los luceros del alba
en
la senda que adormece el tafetán de mis anhelos.
Como sierpes, los viajeros llorarán su desventura,
en esas sombrías telarañas que nos acerca la desdicha.
Es
inútil mentir la noche del lagrimal en la vía de ese
tren que jamás nos traerá a la sangre del corazón
los abrazos
y los besos que nunca pudimos dar a quienes tanto
queremos.
Las
caricias que, como rosas marchitas, se afligieron
en el lejano jardín de nuestros mezquinos dedos.
Es
noche cerrada, sin luz de luna ni estrellas.
Recluidos en la oscuridad de esta desolada
alcoba,
nuestros sueños se disipan, lentamente,
sin encontrar el amor, como la luz en la
niebla.
60- LLEGA EL OTOÑO
Llega el otoño,
a los parques de mi pueblo
a los valles de mi pecho.
Viene, con sus jirones de niebla,
con sus tardes amarillas, soleadas,
esponjosas, ambarinas, macilentas,
con su abanico de ausencias.
Llega con sus misterios de calma,
de pesadillas, de fobias, de tempestad,
de incógnitas, de ventoleras
de pena en el lagrimal
y agonía en la garganta.
Con sus tonos encarnados
enajena mis pupilas y mis sueños
y da vigor a la nostalgia.
Este otoño
se adueña de nuestras almas
con sus colores cobrizos,
caquis, tostados, rojizos y amarillentos,
llenos de melancolía y repletos de añoranza.
Nos trae un mosaico de tonalidades ocres,
en sus sedientas mañanas,
en sus prolongadas noches
en sus visos escarlata.
Iluminado por la tibieza sutil
de un sol, pálido y escurridizo,
va transcurriendo despacio
por las vides de septiembre,
por los lagares de octubre,
por los mostos de noviembre,
por los vinos de diciembre.
El otoño
se arremolina en mi pecho,
busca cobijo en mi alma,
se interna en mi corazón,
se detiene en mis entrañas,
para arañarme las vísceras
y desgarrarme la médula.
Este otoño, desarraigado e inestable,
se derrumba en mi memoria
con aire de fríos vientos
y retazos de añoranza.
Encarna Gómez Valenzuela, Pegalajar (Jaén)
http://trabajosdeencarna.blogspot.com
59- GRITO DE LAS MUJERES AFGANAS
Esta tarde,
me duele el alma de ausencias, me duele
por tantísimo control, por tantas trabas,
por la crueldad de los vientos.
Quiero volar por esos mundos de Dios,
pero me cortan las alas.
Quiero asomarme al balcón, a ver la vida pasar,
y me cierran los postigos.
Quiero fundirme en el aire dulce de una mañana
florida,
en las olas de la luna, en los vergeles del sol,
pero me atrapan en lejanía y en visos de tempestad.
Mas no deseo recrearme ni aceptar este dolor.
Quiero acariciar las flores y retozar en la hierba,
escalar las altas cumbres de las montañas del tiempo,
cruzar los mares a lomos de un caballo volador,
respirar en la pradera de los besos,
en los valles del abrazo profundo y deseado,
y sentir los latidos de la vida a través de ese
contacto.
Vivir los versos del encuentro con el amor y la vida,
reflejarme en esos ojos profundos que me miran con
pasión.
Nada me está permitido, solamente el estoicismo.
¿Cuándo llegará la hora del amor y la alegría,
de poder abrir las puertas que me separan del sol?
En CasaRosada, 27 de septiembre de 2021
58- PUEBLO MÍO. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR
Mírame despacio, pueblo mío,
acúname a diario en tu regazo,
déjame delimitar tus horizontes
al ritmo emocional de la docencia.
Serás luz deslumbrante en mis pupilas.
Serás como una estrella que renace
en ese cielo azul de mis anhelos.
Tus dedos de aceituna reverdecen
en un rayo de sol que anuncia el alba.
El frío se desgaja entre mis manos
lo mismo que un racimo de nostalgia.
57- LA CANCIÓN DEL AGUA. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR
Yo escuchola canción del agua
en el lago azulado
de los sueños del viento,
la gota fugaz que borda
nardos en un mar de olas,
la espuma blanca que vibra,
en recónditas e ignotas playas.
En su espejo transparente
se reflejan las estrellas
como pájaros silvestres.
Sus burbujas de cristal,
bailan en armoniosos encajes,
al compás de la alborada,
al ritmo de la ilusión.
56- LLEGA EL OTOÑO A LOS PARQUES DE MI PUEBLO
Llega el otoño,
a los parques de mi pueblo
a los valles de mi pecho.
Viene con sus jirones de niebla,
con sus tardes amarillas, soleadas,
esponjosas, ambarinas, macilentas,
con su abanico de ausencias.
Llega con sus misterios de calma,
de pesadillas, de fobias, de tempestad,
de incógnitas, de ventoleras
de pena en el lagrimal
y agonía en la garganta.
Con sus tonos encarnados
enajena mis pupilas y mis sueños
y da vigor a la nostalgia.
Este otoño
se adueña de nuestras almas
con sus colores cobrizos,
caquis, tostados, rojizos y amarillentos,
llenos de melancolía y repletos de
añoranza.
Nos trae un mosaico de tonalidades ocres,
en sus sedientas mañanas,
en sus prolongadas noches
en sus visos escarlata.
Iluminado por la tibieza sutil
de un sol, pálido y escurridizo,
va transcurriendo despacio
por las vides de septiembre,
por los lagares de octubre,
por los mostos de noviembre,
por los vinos de diciembre.
El otoño
se arremolina en mi pecho,
busca cobijo en mi alma,
se interna en mi corazón,
se detiene en mis entrañas,
para arañarme las vísceras
y desgarrarme la médula.
Este otoño, desarraigado e inestable,
se derrumba en mi memoria
con aire de fríos vientos
y retazos de añoranza.
55- DESPEDIDA DE SEPTIEMBRE EN PEGALAJAR
Hoy despedimos a septiembre.
Este mes que trae el otoño, amarrado a su cintura,
plegado a su epidermis de uvas de moscatel,
está lleno de bondades, de sutilezas celestes,
de manzanas y de membrillos maduros,
de hortalizas arrancadas de las huertas de templanza,
de higos tiernos y de sonrisas amargas,
del mosto dulce de los lagares del alma,
del vino añejo de los labios del amor.
Instalaremos mañana en el calendario
al mes de octubre, de siembras y de quehaceres,
en los campos de esta tierra de añoranzas.
Lo retaremos a que nos traiga la lluvia
y las nubes de algodón, a nuestro cielo,
llenas de lágrimas transparentes y esponjosas,
repletas de caracolas y perlas blancas,
para que den luz y vida a nuestro tiempo otoñal.
54- LOS DIAMANTES DE LA LLUVIA. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR.
Haces de luz en la niebla.
Los diamantes de la lluvia
se deshacen en el aire.
Agua, siempre agua
para saciar los corazones
sedientos de amor y de besos,
para llenar los aljibes del pecho,
para limpiar el lodo del temporal,
para lavar los barrizales del alma.
Y las gotas de su encaje
se deslizan silenciosas,
como rosas de pasión,
en el satén de sus pétalos
53- LA CANCIÓN DEL AGUA. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR
Yo escucho
la canción del agua
en el lago azulado
de los sueños del viento,
la gota fugaz que borda
nardos en un mar de olas,
la espuma blanca que vibra,
en recónditas e ignotas playas.
En su espejo transparente
se reflejan las estrellas
como pájaros silvestres.
Sus burbujas de cristal,
bailan en armoniosos encajes,
al compás de la alborada,
al ritmo de la ilusión.
52 - TONALIDADES PASTEL. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR
Acuarelas en mis manos,
tonalidades
pastel,
para
recalcar perfiles
o
para trazar contornos
con
difusas pinceladas
y
satinar tu aureola.
con
bellas escalinatas.
Pintaré tu corazón
y
dibujaré tu alma
con
los fúlgidos destellos
de
las transparentes aguas
de
la Fuente de la Reja,
que
emanan con borbotones,
y
de una Charca prodigiosa,
que
es espejo de la Luna.
51- BRILLO DIAMANTINO. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR.
El agua va derramando
su manto de placidez,
en la Charca de mi pueblo,
más allá de su brillo diamantino.
En su risa, los cristales nacarados
reflejan el estupor de las calles,
blancos azules, dorados
verdes y nítidos amarillos.
Luego, correrá por las acequias,
para fecundar los campos.
Paloma mensajera de esperanza
es el agua en todas las fuentes,
lagunas y manantiales
del corazón de la tierra.
50- NOCHES DE LUZ Y VERBENA. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA EN PEGALAJAR
a la orilla de la Charca.
Hoy Pegalajar no duerme,
vela su fiesta nocturna.
Suena una música dulce
al abrigo de su cielo,
que tiñe brillos
cobrizos,
en el borde de la sierra
y recorta su torre con
sutileza.
Mientras la Charca
espejea
sus luces y sus reflejos,
en el tapiz ondulado,
que le deparan sus aguas.
49- LA SAVIA DORADA. POEMAS PARA UNA EXPOSICIÓN DE
PINTURA EN PEGALAJAR
Encontrar una senda escarlata
en el agua que corre por tus venas
y en la savia dorada, la brecha
que emerge del interior de la tierra
y recorre las verdinegras veredas
del corazón anhelante.
En las transparentes lágrimas
que brotan de tus ojos,
hallar el agua.
Agua, sólo agua cristalina
para lavar las heridas del mundo,
para borrar todos los agravios
que flotan en el azul de la Charca.
48- LA MANSEDUMBRE DEL AGUA
La mansedumbre del agua la percibo cada día
en la Charca de mis sueños. Realidad que se esfuma
en los espasmos del aire, en los suspiros del viento.
Mi cariño es anhelo y ansiedad, amor a primera vista.
Es un enlace vital, es un coito interminable con el
agua,
en el transcurso del tiempo de esta turbia situación.
Belleza nacarada del líquido elemento.
placidez, y sosiego en esa superficie plateada.
Luz y diáfano espejo son tus cristalinas perlas.
Profundidad y energía en esa masa acuosa donde
los sueños y los deseos navegan, en un barco de papel.
Inmensidad del agua, plenitud de transparencias
y de secretos ocultos, que se esconden en el fondo.
Quiero vivir esa calma que respiran tus senderos.
Esa paz que dimana de tu esencia.
Las flores de tus orillas, las sonrisas de tus labios.
La añoranza de no verte y la sombra de tu ausencia
adormecen mis sentidos y secuestran mi alegría.
Y mis recuerdos evocan el corazón de tu cielo.
Exuberancia y anhelos en esa hermosa floresta
que pueblan de amor y de sutiles encantos
el margen de tus orillas y los sueños de mi alma.
En CasaRosada, 15 de julio de 2021
47- UNA CANCIÓN DE ESPERANZA
de reclusiones y encierros, de contagios y de muertes,
nos libraremos del virus y cantaremos victoria,
todos juntos, de la mano, para saludar al día,
al sol, a los gorriones, a las nubes y a la brisa,
para abrazar al hermano, a los hijos y a los nietos.
Pero ahora,
en este tiempo cerril de distancias y de ausencias
de temores, de lamentos, de mirar por la ventana,
no nos podemos dejar abatir por la tristeza,
por el tedio, por el miedo, por la apatía o el
silencio.
Es necesario cantar desde el corazón
una canción de esperanza, una dulce melodía.
que nazca en nuestra garganta y acaricie nuestros
labios.
Sentir la vida vagando por los rincones de casa,
por los montes, por los valles, por los ríos, por los
parques
y mirar al horizonte con ojos encandilados,
para ver nacer el día que crece en nuestras entrañas
y brota en los corazones.
Fijarnos en esa flor que, impulsada por la vida,
muestra su bello color, su perfume, su hermosura.
Mirar al cielo despacio, que luce azules de seda
y rosáceos de esperanza o rojizos de arrebol.
Alzar siempre la mirada, para no desfallecer
en las manos de la pena y en los brazos del
dolor.
En CasaRosada, febrero de 2021
46-DESNUDO FEBRIL
Tu cuerpo brotó febril
de las olas que flagelan
la esperanza
y emergió la redondez
sonrosada de tu carne
como alondra en el
cristal de la alborada.
Y fue tu piel una rosa,
una herida
en el clavel de la
mañana.
Tus cabellos, como un
río de soledad
arrastraron el tormento
de los mares
hacia las desiertas
playas de mis manos.
Y fue mi temporal arena
blanca,
caléndula dorada
navegando a la deriva
de los besos
olvidados.
Una vereda de enigmas
en el fondo de tu pecho
tejió la mar.
Maraña pueril de
indescifrables atributos.
La esfera de tu vientre
se curvó
hacia mi cuerpo, como
una doncella impúber,
a través del sendero
ignoto de arterias y de nervios
que creció
en lo más profundo.
Quisiera desdibujar las
mareas que nublaron
las espumas de tus ojos
para llenar
de primaveras floridas
ese desnudo febril de tu
cuerpo
que eclipsó hacia las
playas del deseo
el espejo demencial de
mis pupilas.
tan sin decirlo, tan sin saberlo.
Te fuiste como una flor en primavera,
marchita y zarandeada por la tormenta
que se gestaba en el fondo de tu ser.
Te fuiste como la pena de marzo,
despacio y sola como la lluvia de abril,
suave y esponjosa como la brisa de mayo,
acariciando el aire como las tardes de
junio.
Te fuiste con un viso de rubí en tus
mejillas,
con una nube en tus ojos, con una pena en tus
labios,
con un poema en tu corazón.
Te fuiste tan desolada, tan sin hablar,
que tus silencios restallaron en mi alma
y la pena de mi llanto centelleó en tu interior.
Te extinguiste en el aire como un suspiro.
Te apagaste como una luz en la noche de mi
dolor.
Te fuiste sin una queja, sin un reproche,
sin despedir.
Cruzaste los vientos sin saber por dónde
ibas,
ni a dónde te dirigías ni con quién querías
estar.
Te fuiste cuando la Fuente llenó de agua
la Charca,
de sueños y de esperanzas, las laderas de
mi amor.
Te fuiste cuando la brisa bordaba haces de
luz
en las pupilas del día, rosas de seda en
los jardines del sol.
Te fuiste a un lugar sin retorno.
Tu mirada se quedó prendida en el cristal
del adiós.
Te fuiste en una fecha sin brillo en el
calendario,
sin colores de arco iris, sin olores de
jazmín.
Te fuiste fustigada por el peso de los
años.
Desde tu lecho de muerte, la pandemia no
pudo herirte.
No pudo clavar en tu pecho el aguijón de ponzoña,
que ha clavado en tantas gentes.
A ti fue la vejez y el deterioro,
la ausencia de juventud quienes te
condujeron
por el camino del Camposanto.
Ya has dejado de sentir el desconsuelo y
la pena
el dolor y el sufrimiento que padecemos
aquí.
Por ti, querida madre, no doblaron las
campanas.
Ni gimieron los vientos aquejados por el
llanto.
Pocas personas, por este tiempo cerril
que nos trajo el calendario, pudieron
conocer tu muerte.
¿Por qué te fuiste, querida madre, cuando
la primavera
extendía su manto de flores multicolor en
la Tierra,
cuando abril acariciaba el olor de las
celindas,
cuando sonaba en el aire el canto del
ruiseñor?
¿Por qué te fuiste cuando la hiedra
trepaba
los aposentos de mi dolor?
Sin embargo, ahora, la luz de la fe nos
dice
que ya no tiene sentido llorar por ti,
porque te encuentras en los jardines del
cielo,
gozando de la presencia de Dios.
Poema publicado en el Libro de Festejos de PEGALAJAR, para celebrar la Feria y Fiestas en honor de la VIRGEN DE LAS NIEVES del 2 al 7 de Agosto de 2019.
37-ALBORADA
36-LA BAHÍA DE LOS SUEÑOS
POEMA PUBLICADO EN LA REVISTA DE CREACIÓN LITERARIA Y PLÁSTICA ALDABA Nº 34. OTOÑO 2017.
35-EL OTOÑO SE ALEJA
En la alforja
de mis sueños,
28-INSOMNE BLANCURA
22-REFLEJO
- la blanca flor de su espuma, ya grácil manto de nieve,
- su ímpetu vital apresura.
- La luz que brota del agua se refleja en tus pupilas.
- Es un flujo misterioso que dimana de las playas del deseo.
- brota como alfaguara en el lamento del agua.
La indiferencia del tiempo perdido se me clavó en el alma.
como trigales, entregados a la devastación del temporal.
en el jardín de los sueños.
dorado sol de los aguaceros silvestres.
Mis gélidas manos rozan el filo oculto
de ese mar azulado que es un caudal de deseos.
La mar suspira, bebiendo en los rubíes de la tarde,
remanso donde nace el arco iris.
Su arena fina es temblor de los marineros
que han comprendido la urgencia
de navegar esta noche de mar abierta
y estrellado cielo añil.
Llora Penélope la herida del tiempo anclada en su lagrimal.
Luminiscentes lágrimas, lento oscilar de las aguas subterráneas.
Fascinación por lo bello, vestigio primigenio de su pena.
Como lirios, sus pálidas mejillas se tiñen de escarlata.
Su entreabierta boca, como estrella malherida, navega
en el navío de sus ojos.
Las cerezas de sus labios vomitan un rosario de lamentos.
Desvanecida de amor, escucha el canto de las sirenas.
Canción de melancolía. Melodías que, como dagas,
lastiman su corazón en la espera.
¿Cuándo llegará ese día en que regrese mi amor
a las playas de mi pecho?
En el azul vibrante
del agua
descubrí los ojos
del día.
Y en el verdor de
la hierba,
el remanso feliz de
todos los riachuelos,
la ausencia de
clepsidras en los vergeles.
l tiempo se hace canción
en el susurro
latente del agua,
luz y poema en el
pálpito de los estanques.
ómate al balcón del agua,
en sus dolientes
paisajes de caracola,
la gota oscura del
silencio
reverdece como
alondra matutina
que nunca detiene
el vuelo.
Su esplendor de
nardos florecidos
es aprendizaje y designio
ciego,
sosiego de verso y
copla,
tierna melodía que
el viento mece.
..¡Duerme entre tus blancas galas!
con aires de libertad y con vientos de esperanza.
en ese ir y venir de macilentos ocasos.
SIERRA MORENA (Junio, 2013)
ASÍ MISMOESTÁ PUBLICADO EN LA REVISTA ALDABA Nº 27. PRIMAVERA 2015.
para sentir la delicada luz de la rosa,
anclada en el rosal de los sueños
INDICE DE POEMAS
75- LA FIESTA DE SAN GREGORIO EN PEGALAJAR
74- EL CINCO DE AGOSTO
73-A MI PUEBLO Y A LA VIRGEN DE LAS NIEVES
72- TIERRA DE AMORES
71- LA PRIMAVERA
0- HOY HA LLEGADO LA LLUVIA
42- Asomada al balcón de mi pecho
41- Sentir muy dentro
40- El estupor de las pateras
39- Esperanza
38- Brioso galopar
37- Alborada
36- La bahía de los sueños
35- El otoño se aleja
34- Diáfana esencia
33- Granada, crespón de anhelos
32- Remanso feliz
31- Distancia
30- Tu imagen del mar
29- Te descubrí















































